Basada en hechos reales, nos cuentan la vida y miserias de Steven Russell, un timador nato que acaba en la cárcel y allí conoce a Philip Morris (Ewan McGregor), del cual se enamora perdidamente y con el que inicia una bonita y descabellada historia de amor.
Al final, lo único que tira de esta película es ver como quedan de pareja Jim Carrey e Ewan McGregor y el resultado no es tan desolador como pudiera parecer a priori. Jim Carrey no se pasa de histriónico y le da el toque justo que requiere el personaje, Ewan McGregor está adorable haciendo de gay apocado y con una pluma contenida y la historia con sus ires, venires y giros te mantiene atento durante todo el metraje. Pero tampoco voy a engañarme, que la sensación final fuera mejor que las expectativas no hace que la película sea algo para recordar. Se deja ver, sí, pero nada más.








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